Querer es poder. O casi. Intentar y tratar de llegar. Siempre. Ya sabemos, ya. Lo malo esta ahí. Pero hay que subir. Hasta los sueños. Tocarlos, tocar la estrella, con la mano. Y llevarnos su polvo plateado, en las yemas de nuestros dedos. Lo que toquemos luego, cuando bajemos o si nos hemos caído, quedará mágico, cubierto de polvo de estrellas.
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