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viernes, 2 de abril de 2010

Donde el cielo y el mar...



Esta historia completa el encargo de mi amigo Ménage...
Gracias Ale por escribir palabras tan hermosas...!

Esa fría mañana crucé la planchada, mis pies parecían ser pesados como el plomo, no quería irme.
Miré hacia atrás y la busqué entre la gente, entre la bruma. Ella, con su larga cabellera agitada por el viento me observaba, sus ojos eran de silencio, sus lágrimas olas tranquilas que llegaban a la playa de sus mejillas dejando el surco de un anticipado "te extrañaré"...
Camino por la cubierta, mis pasos me llevan hasta la popa donde tengo que realizar maniobras para la zarpada. Debo concentrarme, es peligroso no estar atento con las amarras. Pero la miro, ella es como cada amarra, como cada nudo, ella no me deja partir, ella me hunde en su océano. Voy a extrañarla. Necesitaré de su voz, necesitaré de sus ojos de mirada tímida. Extrañaré su cuerpo pequeño y delicado...
Ya me encuentro en mar abierto. Trabajé mucho todo el día, el sueño no tarda en llegar. Antes de irme a la cama saldré un instante a tomar aire. Siempre llevo mi cámara de fotos, así puedo guardar esos paisajes soñados que tanto me gustaría compartir con ella. He visto los atardeceres más bellos que existen, donde el cielo y el mar son uno solo, donde ambos se han prendido fuego y ya no sabes donde termina uno y empieza el otro. Así ha de ser mi amor por ella y mi encuentro con su ser, un atardecer lleno de magia.
Me asomo a ver las estrellas, todavía guardo los colores místicos del ocaso. Pienso en ella... pienso que ella es este barco que me acuna, es tan grande que me contiene y a través de su cuerpo recorro esta inmensidad. Son millas y millas llenas de sueños, mis sueños con ella.
Los días pasan eternos, las horas se acuestan y se duermen en su retrato. Afuera llueve, la tormenta violenta la estructura firme del casco, el agua azota con fuerza la eslora del buque y las olas llegan sin permiso hasta el puente de comando. Parece ser el fin, pero es una de las tantas tormentas que he vivido. Uno se acostumbra. La vida en el mar es sacrificio y entrega. Pero nada de eso importa, su imagen vive conmigo, ella descansa junto a mi en un rincón de mi camarote, y las cartas que me dio antes de partir susurran desde mi taquilla, ansiosas por ser leídas otra vez.
Querida mujer, la tormenta ha pasado. Es la madrugada y el barco se mece suave en la calma. Neptuno duerme y la tripulación descansa también. Yo no puedo dormir, por eso encendí mi lámpara y comencé a escribir lo que siento, palabras profundas que llegan al papel y viajan veloces hasta tu almohada, contándote que imagino tu boca... mar en que me hundo con un beso eterno y salado...

Alegypsi

Pintura: Mar anunciando tormenta
Pintora: Irma Merino

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